Observar

Edouard Dasylva (74 años) recorre con la mirada su casa y las moradas vecinas, recientemente reconstruidas con adobe y techo de zinc. El lugar es fresco, protegido por enormes árboles que dan sombra y dejan caer hojas, cuyo crujido al pisarlas, pone la banda sonora al lugar. A primera vista se diría que es un lugar tranquilo, pero no muy lejos aún hay minas enterradas y pueblos que han tenido que ser abandonados por la guerra, a los que sus habitantes aún no han podido regresar, como Bagame, Kassu o Badème. Él está contento de poder haber vuelto a Boffa Bayotte y de ejercer el cargo de jefe del pueblo.

También es presidente del observatorio de paz, Obanum, organismo tradicional de reflexión y diálogo, en el marco del cual, entre otras cosas, se negocian con líderes rebeldes y Estado, los procesos de retorno. Él mismo nos explica en este vídeo qué es y cómo funciona este marco de paz colectivo, que supone uno de los ejemplos de gestión de conflictos más participativos y eficaces.

Rosalie Diatta (63 años) reparte las horas del día entre labores de casa y el arrozal. Las tierras en las que tradicionalmente cultivan se están salinizando y esto permite pensar que en unos años las condiciones de vida de la zona empeorarán. Comparte tareas con Amy Sambou (de su misma edad) quien decidió partir a Guinea Bissau con su familia en la época de conflicto. Estuvo fuera de 1992 y 2014 y recuerda la experiencia con amargura, debido a la dureza de las condiciones económicas. “Siempre quise volver, pero tenía miedo de cómo me iban a recibir mis vecinas” afirma. Es ahí que intervino Rosalie Diatta, como miembra del Obanum, para recordarle “que siempre formará parte de la comunidad”. “Conversamos antes de que diese el paso, le dije que nuestro grupo económico de mujeres la acogería con los brazos abiertos y preparamos su vuelta”, explica Diatta, arreglando espigas de arroz bajo una sombra. Aprovechando un viaje para asistir a una ceremonia tradicional, Amy Sambou se instaló de nuevo en el pueblo.

El imam Salim Lassia Ndiaye (1971) es un líder religioso musulmán de la comuna de Adeane y miembro del Observatorio de paz de Adéane. La misión de estos observatorios no es solo velar por la paz en relación al conflicto armado que ha sufrido la zona durante cuatro décadas: en lo cotidiano, en la vida ordinaria también se dan otros tipos de desacuerdos. “Los pequeños conflictos dentro del Gran Conflicto”, los llama él.

Señala, por ejemplo, los enfrentamientos por la delimitación de la tierra (sobre todo en las que se cultiva la gran cultura de renta en la zona, el anacardo) o la regularización de los papeles de la gente, el registro del estado civil, que deja en desamparo a muchas personas, en especial a la infancia.

El imam Ndiaye se pronuncia sobre otra problemática social que le preocupa, y para la que, él, como otros responsables comunitarios, se están formando gracias al apoyo de asociaciones y ONGDs: la violencia basada en el género. “Los maltratos a las mujeres no contribuyen al ambiente de paz social que queremos sembrar en la comunidad”, afirma, señalando los aportes que realizan las mujeres a la sociedad “muchas veces mayores que los hombres” y la importancia de respetarlas dentro y fuera del ámbito familiar. Ndiaye explica que dedica sermones a este tema en la mezquita así como a la buena convivencia interreligiosa. “Cristianos y musulamanes vivimos como hermanos, forma parte de nuestro modo de vida y hay que mantenerlo”, considera.

“Los pequeños conflictos pueden desencadenar otros más grandes”, reflexiona, esta vez a la inversa.