El relevo
Camino
Yoon wi (wolof)
Chemin
Burum am (diola)
Silo (mandinga)
«Las nuevas generaciones ya no tienen la misma militancia política que teníamos los que vimos nuestra sociedad destrozarse. El contexto ya no es el mismo y ahora se enfrentan a otros retos. Pero deben guardar la misión de vivir en armonía y el compromiso con las comunidades»
Nouha Cissé
Activista por los derechos humanos en Casamance
«No podemos traspasar el rencor a la nueva generación. Hay que aceptar el pasado para poder afrontar el futuro con esperanza»
Abdoulaye Diatta
Animador de USOFORAL
La paz es un proceso largo, un sendero que no va en línea recta. Hay gente que desgraciadamente se ha quedado en alguna parada, descansando, y a la que se guarda en el recuerdo. Otra que ha regresado quizás, al punto de partida, y otra que ha elegido nuevos destinos. También hay quien se ha ido sumando. Las nuevas generaciones han llegado. Niños y niñas nacidos en estas últimas cuatro décadas, que no han conocido su tierra previamente al conflicto, son ahora personas adultas y tienen a sus espaldas la responsabilidad de avanzar.
Heredan relatos duros pero también una importante historia de lucha colectiva. Las preguntas se multiplican para una juventud con desafíos diferentes a los de generaciones anteriores y una situación de crisis aún latente, como nos recordaba Ibrahima Gassama.
Turnos de tres chicos y chicas para hacer la comida. “¿Cómo quedó ayer el equipo de fútbol de Senegal?”. Edu cuida los conejos que cogió en el bosque. Se oyen cantos del abecedario saliendo del dormitorio de las niñas. “Adrien, ve a probar tu salsa”. Solange presume de su bonito vestido en batik. Marie Rachel, de once años, lleva en brazos a Amélie de dos. “Hoy te toca a ti dar de comer a los cerdos”. La comida está lista. “Venid, hagámonos unas fotos”
Escenas de normalidad en Espoir du Sud
Reconvertir el rencor. Educar en la paz.
“Id a ver a Solange”, nos cuenta que se dice en el pueblo de Mpack y alrededores cuando alguna familia tiene dificultades con la crianza de sus hijos o hijas.
Inicialmente pensado como un orfanato para víctimas del conflicto, el proyecto Espoir du Sud (Esperanza del Sur) fundado por Solange Diatta y su marido, es hoy en día una referencia también para menores en situación de precariedad.
Su objetivo es que estos niños y niñas crezcan con afecto y que aprendan a tomar buenas decisiones. Escucha lo que nos cuenta.
¿Volver?
¿A dónde? ¿A qué?
El gran reto de la región es retener a sus jóvenes, motivarlos para volver a los pueblos de origen de sus familias, de donde quizás hayan salido de pequeños o en los que muchos ni siquiera han puesto nunca los pies. El vínculo de la juventud con las tierras de las que sus familias han sido desplazadas debido al conflicto, es una preocupación mayor para muchas de las personas entrevistadas, como Narcise Sagna, el jefe del pueblo de Bagame o Jean Gomis, de Bindialoum.
Pero no solo está en juego el desarraigo afectivo sino también la cuestión económica. “Si volvemos, ¿cómo nos ganaremos la vida?”, se pregunta Omer Manga, reproduciendo un pensamiento que considera común entre la gente de su generación. Muchos han crecido en las ciudades o núcleos urbanos más poblados y no ven futuro en zonas con carencias tan básicas como el acceso a la electricidad o a centros de salud. Muchos pueblos se encuentran aislados debido a infraestructuras y medios de transporte precarios, problema que se acentúa en la época de lluvias.
Volver es una cuestión complicada. Sobre todo si le sumas otras: ¿A dónde? ¿A qué?
Transformar el dolor en compromiso.
Omer Manga, de víctima del conflicto a militante por la paz.
«Implicar a los jóvenes es el principal reto. Además de sensibilizarles sobre memoria histórica, hay que crear condiciones económicas favorables para el retorno»
Omer Manga (Ediouma, comuna de Nyassia, 1988) siempre dice que sí cuando se trata de hablar de paz en Casamance. Poco importan sus compromisos laborales o familiares, él encuentra un hueco para reuniones, entrevistas o charlas. Tras haber vivido el conflicto en primera persona, como menor víctima de desplazamiento, en su edad adulta firmó un compromiso consigo mismo para no permitir que tal crisis vuelva a ocurrir.La construcción de paz se convirtió en una verdadera vocación. Sentado a la orilla del río Casamance, Omer aprecia la caída del sol con tranquilidad y una sonrisa reflexiva. Se toma sus tiempos entre sorbos de bissap, para responder a las preguntas, que no escucha por primera vez. Ponerse en el centro no es lo ideal, pero forma parte de su activismo. Con su historia encarna las experiencias de muchas personas que han vivido esta crisis, pero que él ha aprendido a nombrar y conceptualizar. Para entender las y comunicarlas. Para darles un marco.
¿Te has preguntado alguna vez cómo de cerca están de ti estas historias?