Transformar el dolor en compromiso

Omer Manga (Ediouma, comuna de Nyassia, 1988) siempre dice que sí cuando se trata de hablar de paz en Casamance. Poco importan sus compromisos laborales o familiares, él encuentra un hueco para reuniones, entrevistas o charlas. Tras haber vivido el conflicto en primera persona, como menor víctima de desplazamiento, en su edad adulta firmó un compromiso consigo mismo para no permitir que tal crisis vuelva a ocurrir. La construcción de paz se convirtió en una verdadera vocación.

Sentado a la orilla del río Casamance, Omer aprecia la caída del sol con tranquilidad y una sonrisa reflexiva. Se toma sus tiempos entre sorbos de bissap, para responder a las preguntas, que no escucha por primera vez. Ponerse en el centro no es lo ideal, pero forma parte de su activismo. Con su historia encarna las experiencias de muchas personas que han vivido esta crisis, pero que él ha aprendido a nombrar y conceptualizar. Para entenderlas y comunicarlas. Para darles un marco.

 

Para entender tu recorrido profesional es importante conocer episodios de tu infancia, marcada por el conflicto. ¿Podrías explicarnos cómo fue la experiencia de tu familia?

Como en muchos lugares en Casamance, en mi pueblo, Ediouma, hubo períodos delicados relacionados con el conflicto. Yo viví estas situaciones desde muy temprano. Nuestro desplazamiento se dio a raíz de una operación de rastreo que el ejército quería llevar a cabo en nuestra zona, fronteriza con Guinea. Hacía días que se sentían las preparaciones y las tensiones, ya que mientras el ejército se posicionaba de un lado, otros grupos armados se posicionaban del otro. Estábamos atrapados entre dos fuegos. Una noche, sobre las 4 de la mañana, nuestro abuelo nos pidió que nos fuéramos.

Salimos con nuestra abuela, mi hermano mayor y mi hermana pequeña. No teníamos nada, solo nuestras mochilas escolares, con apenas algunos cuadernos dentro. Nos refugiamos en un pueblo cercano, donde teníamos familiares. Dos días después de nuestra partida, estallaron enfrentamientos entre las fuerzas presentes. Mi abuelo se había quedado en el pueblo para cuidar la casa y los bienes, ya que nos habíamos ido sin nada. A partir de ese momento le perdimos el rastro.

 

¿Cómo fue el proceso de retorno al pueblo?

Más tarde, hacia 2007, empezamos a volver al pueblo durante las vacaciones para cultivar. La situación se había calmado un poco, pero seguía siendo inestable. Persistía el peligro de las minas y la posible presencia de grupos armados. Durante una semana, tuvimos que salir de la aldea cada noche para dormir en otro lugar y regresar por la mañana a trabajar en los campos. En 2010 cuando mi tío trabajaba en los arrozales con otras mujeres, pisó una mina que le arrancó una pierna.

 

Dices que es por ello que te has convertido en militante por la paz. ¿Cómo se construyó ese deseo de comprometerte?

Después de haber vivido los primeros acontecimientos del conflicto, empecé a sentir curiosidad por entender lo que estaba pasando realmente. Escuchaba programas de radio sobre la paz, seguía las noticias y leía todo lo relacionado con el conflicto en Casamance.

Al analizar lo que había vivido y lo que iba aprendiendo, me dije que tal vez era el momento de aportar algo, de comprometerme con la consolidación de la paz. Después del bachillerato, estudié Sociología en la universidad. Desde los primeros años, me interesé cada vez más por las cuestiones de conflicto.

 

Formado en justicia transicional, defiendes este proceso como necesario para la consecución de una paz duradera en Casamance. ¿En qué consiste y cómo lo ves de factible en este caso?

Este concepto me interesaba de manera particular y decidí ir a formarme en profundidad en la Escuela de Mantenimiento de la Paz en Malí en 2023, con el objetivo de entender mejor las etapas necesarias en un proceso de paz. Comprende cuatro pilares: la búsqueda de la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición. En Casamance, tengo la impresión de que algunos de estos pilares están poco desarrollados. La verdad, por ejemplo, es compleja porque implica dimensiones históricas, económicas y geográficas.

En otros países, como Malí o Colombia, se han creado comisiones de verdad y reconciliación. En Colombia, por ejemplo, algunas familias han podido recuperar los restos de sus seres queridos y hacer su duelo. En Casamance, este proceso sigue siendo insuficiente. Personalmente, aún no sé qué ocurrió con mi abuelo y mi tío. No saberlo nos impide hacer el duelo.

Muchas de las acciones en curso aquí se centran en la reparación, como la construcción de infraestructuras, apoyo a las comunidades o el acompañamiento económico. Pero las garantías de no repetición siguen siendo débiles y dependen en gran medida de la voluntad del Estado. Después del desarme, es fundamental preparar a las personas para su reintegración en la sociedad, y también preparar a las comunidades para acogerlas. De lo contrario, pueden persistir tensiones.